Protección Auditiva


OÍDO SENSIBLE AL RUIDO
El oído percibe y capta sonidos de nuestro entorno y se muestra especialmente sensible al ruido que puede dañar nuestro oído y hacer que la capacidad auditiva disminuya con el tiempo.
EL SONIDO ES CUESTION DE BUENAS VIBRACIONES.
El sonido es una onda que se propaga en forma de variación de presión. Se define por:
Frecuencia más o menos aguda: el oído humano percibe sonidos que van de los 16 Hz en su frecuencia más grave a 20.000 Hz en la más aguda
Intensidad, más o menos fuerte expresada en decibelios (dB)
Duración
CUANDO EL SONIDO SE CONVIERTE EN RUIDO
El sonido se convierte en ruido cuando es molesto o nocivo para nuestro sistema auditivo.
Cuando la intensidad de los ruidos sobrepasa la capacidad de recepción del oído, es peligroso. Por debajo de 85 dB, no existe riesgo para la audición. A partir de los 85 dB el ruido es nocivo y a medida que aumentan los decibelios aumenta el peligro. El riesgo es padecer: cansancio auditivo pasajero, acúfenos, traumatismo auditivo irreversible o incluso perforación del tímpano.
OÍDO SENSIBLE AL AGUA
El oído es sensible al agua y a los cambios de presión.
El agua que penetra en los oídos puede provocar una sensación de taponamiento e irritación, o incluso un dolor agudo. Si el agua no se evacúa correctamente el oído puede llegar a inflamarse o infectarse (otitis externa).
OÍDO SENSIBLE BAJO PRESIÓN
En condiciones normales la presión del aire en el interior del oído es la misma que en el exterior. Pero cuando se cambia de altitud o se bucea, la presión varía. Se da pues una diferencia de presión entre el aire en la parte delantera del tímpano y el aire en la parte trasera del tímpano. Aparece la sensación de zumbidos y dolor en el oído. La trompa de Eustaquio intenta regular la diferencia de presión entre ambos lados del tímpano. Cuando esto ocurre soplar con la nariz tapada ayuda a reequilibrar la presión
PROTECCIÓN AUDITIVA QUIES
Protección al ruido






